Es posible que haya gente que coincida con críticas a los primeros Presupuestos de Rajoy pero se pregunten si se puede hacer otra cosa. La respuesta es que sí.
Para empezar hay que diagnosticar bien nuestros males. En España no hay solo un problema de déficit. Hay, además, un problema de recesión. La recesión, inexorablemente, tiende a empeorar el déficit. Atacar la recesión requiere de otra política en Europa. Una idea que poco a poco se abre camino. Desde España hay que exigirla.
Además, el déficit no está provocado tan solo por un incremento del gasto público, sino muy principalmente por una caída brutal de los ingresos. El PP ha estado predicando el mantra de la bajada de impuestos con lo que ha contribuido a la crisis fiscal del Estado. Una crisis que no es coyuntural, como parece creer el PP, sino estructural. No se va a solucionar con parches ni con medidas transitorias.
En el lado del gasto, la caverna mediática señala a las Comunidades Autónomas como las causantes de exceso de gasto. En esta campaña destaca Esperanza Aguirre quien ha propuesto lisa y llanamente la supresión de las Comunidades Autónomas, para ahorrar nada menos que 48.000 millones, una cifra que nada tiene que ver con la realidad, por la sencilla razón de que si un hospital, por ejemplo, pasa a estar gestionado por el Estado, no se ahorra el gasto que origina sino que cambia de lugar. ¿Ganamos algo cambiando un gasto de una administración a otra?
Las Comunidades Autónomas gestionan educación, sanidad y servicios sociales, es decir, los pilares del Estado Social. Fácil es comprobar que la campaña contra las Comunidades está encaminada a erosionar los servicios públicos fundamentales.
La derecha hace las reformas que no hacen falta y, sin embargo, no entra a las reformas que son cruciales. No hay necesidad de hacer una reforma del Estado Autonómico y, menos aún, liquidarlo. Hace falta, eso sí, un federalismo cooperativo. No hacía falta una reforma laboral que, todo el mundo reconoce, no crea empleo.
Sin embargo, no se han hecho dos reformas necesarias.La reforma fiscal que restablezca los principios de solidaridad y de suficiencia. Y que desencadene una potente batalla contra el fraude fiscal, en lugar de embarcarse en amnistías fiscales injustas y desmoralizadoras.
El origen de nuestra crisis es financiera. Y hoy es el día en que el Sistema Financiero sigue sin cumplir su papel de financiador de la economía productiva. La inyección de liquidez del Banco Central Europeo sirve para financiar al Estado y, sobre todo, para sanear la cuenta de resultados de los Bancos que toman prestado al 1% y lo prestan al 5%. Con garantía pública, eso sí. Pero sigue sin fluir el crédito. Este es el problema que ninguna reforma ha resuelto.
Las reformas, según Rajoy, están pensadas para “preparar la economía para cuando se produzca la recuperación”. Pero el problema es, precisamente, como estimular la recuperación.
Por ello, lo que toca hacer en el lado de los ingresos es enmendar el Presupuesto elevando la tributación de las rentas del capital hasta su equiparación con las del trabajo; incrementando la progresividad del IRPF; suprimiendo la deducción por adquisición de vivienda para las rentas altas; revisando a fondo la fronda de deducciones en el Impuesto de Sociedades; estableciendo el impuesto sobre las grandes fortunas y el impuesto sobre transacciones financieras; revocando la amnistía fiscal y aprobando una iniciativa contra el fraude; revisando la normativa de las SICAV para evitar la elusión fiscal. Todo ello mientras se elabora una gran reforma fiscal. Los beneficios fiscales de este año suponen 38.000 millones. El fraude supera, con mucho, esa cifra. Lo cual indica que hay un gran margen de mejora.
En el lado de los gastos hay que promover un federalismo cooperativo entre las Comunidades Autónomas y el Estado en la idea de obtener economías de escala e insistir en eliminar gastos innecesarios o meramente menos necesarios. Pero hay que blindar el gasto mínimo en los tres servicios esenciales: educación, sanidad y servicios sociales. Y hay que oponerse al recorte de inversiones vitales para el futuro como es I+D, becas y universidades. Finalmente, hay que apostar por inversiones creadoras de empleo como la rehabilitación de viviendas.
Como dice Holland, nunca hay un solo camino. Por lo que sabemos, el camino de Rajoy nos mete en el pozo de la recesión y fracasa en su propósito de calmar a los mercados. Es hora de iniciar otro camino, definiendo las reformas que necesita al país.