Cuando uno anuncia un déficit provisional de 2.000 millones y resulta ser del doble debería haber una explicación convincente. No aparecen 2.000 millones adicionales de déficit por casualidad ni caen del cielo.

La versión oficial es que se ha recaudado menos de lo previsto en los impuestos ligados al ladrillo. No cabe duda que eso ha pasado. Pero la Comunidad de Madrid, que gestiona esos impuestos, no puede alegar sorpresa. Dicho de otro modo, cuando la Comunidad de Madrid anuncia un déficit provisional de 2.000 millones ya sabía la merma que se había producido en esos impuestos. Una merma, por cierto, parcialmente compensada por mayor recaudación en otros tributos. En conjunto, los ingresos tributarios de la Comunidad de Madrid han sido solo 582 millones menores de los previstos, cantidad insuficiente para explicar una desviación de 2.000 millones. Menos aun cuando los gastos también se han desviado a la baja de un modo parecido.

 

Lo que ha ocurrido es algo más incómodo de explicar. Desde hace tiempo, la Comunidad de Madrid viene dejando de pagar (y de contabilizar) facturas a partir de un cierto día del año, el día exacto en que calculan que el déficit se va más allá de lo previsto. Así se logra una cifra de déficit niquelada. Las facturas sin pagar se acumulan en los cajones para ser contabilizadas y pagadas al año siguiente. Y así sucesivamente. La pelota va aumentando hasta que se produzca una regularización extraordinaria. Mientras tanto, se sigue la táctica del rugbi: dar una patada al balón hacia arriba y hacia adelante; cuando caiga ya lo recogerá  alguien.

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El viernes pasado el PP lanzó la cuarta reforma del sistema financiero. Las tres primeras (dos de Zapatero y una de Rajoy) se basaban en la idea de que el Estado “no pone dinero” en la crisis bancaria. Los recursos necesarios los generaban los propios bancos y cajas.

Esta era una verdad relativa, ya que el Estado ha aportado avales y créditos. Si los créditos se pagan y los avales no se ejecutan, es decir, si todo va bien, en efecto, el Estado no pone ni un euro. Incluso puede ganar dinero. El problema es si algo va mal, en cuyo caso, el Estado pierde. Pero la idea general era reestructurar el sector con cargo al propio sector.

La cuarta reforma es distinta en un punto crucial: el Estado pone dinero. Nacionalizar Bankia supone que el Estado entra en el capital de ese banco y, además, como accionista de referencia.

A Guindos se le ha olvidado contar un par de detalles “sin importancia”. Uno, cuanto dinero va a poner el Estado. Todo lo que sabemos es que será lo “estrictamente necesario”. No es mucha información. El otro es de donde sale este dinero. Menos información todavía.

Importa destacar que tras la reforma (presentada como la definitiva) la prima de riesgo ha escalado y la banca se ha hundido. Guindos no ha ayudado a dar confianza en el sistema financiero español. Además de las dudas anteriores, otra no menor se produce al ordenar provisionar una parte sustancial de los “activos sanos”. Tiene su lógica, ya que un activo que es sano hoy puede ser tóxico mañana. Pero el mensaje que se transmite a los mercados es letal: ¿hay algo realmente sano en los bancos españoles?

Queriendo o sin querer, la reforma, lejos de generar confianza, ha hecho lo contrario. La escalada de la prima de riesgo y la bajada de la bolsa han seguido rápidamente a la cuarta reforma del sistema financiero.

El PP, obsesionado por sacudirse su responsabilidad en el asunto de Bankia, ha señalado al Gobernador del Banco de España como el chivo expiatorio. Conviene insistir en que la exposición al ladrillo por parte de Cajamadrid y Bancaja y la financiación de diversas aventuras se realizó siendo gestores hombres de confianza del PP (Blesa y Olivas) y que los Gobiernos en Madrid y Valencia eran PP (Gallardón y Aguirre; Zaplana y Camps). El PP lo sabe y para desviar su propia responsabilidad, carga contra el Gobernador del Banco de España.

La decisión de marginar al Banco de España de la valoración de los activos de los bancos en su conjunto responde a esa táctica, pero produce un daño colateral: fomenta la desconfianza en el sistema financiero español.

Para completar el disparate, Guindos ha encargado la valoración del sistema financiero a sendas empresas privadas norteamericanas, casualmente dedicadas a la compra venta de activos. Durante dos largos meses tendremos al sistema financiero español sujeto a escrutinio. No parece lo mejor para fomentar su salud.

La reacción de Europa tampoco ha contribuido a calmar las aguas: si España pide ayuda, lo primero es saber cómo están las tripas de su sistema financiero. Traducido, no hay que fiarse de las cuentas de los bancos españoles. Fantástico. ¿A alguien le sorprende que la prima de riesgo escale en España?

Para completar el cuadro, conviene recordar que estamos ante un sistema financiero sobredimensionado por las mismas razones que lo estaba el sector de la construcción, con lo cual, debe reducirse la capacidad instalada. La cuestión es quién reduce su tamaño. ¿Todos por igual? La lógica de la competencia es que sobrevivan los más fuertes. A algunos no les importaría que el ajuste se diera sobre el cadáver de Bankia.

El futuro de Bankia aparece en tres opciones.

  • El desguace. Es lo que, sin duda, representa la opción de Guindos. Sanear con dinero público (socializar pérdidas) e ir liquidando Bankia por trozos. Seguro que nunca lo reconocen pero es la opción que representa el nuevo Presidente.

  • Sanear con dinero público y devolverla al sector privado. La condición que se pone es que, al final de la operación el Estado no pierda dinero. Una condición de muy difícil cumplimiento.

  • Crear un banco público con Bankia y otras cajas nacionalizadas. Puede parecer la opción más ideológica, pero dado el coste presumible de la operación puede terminar siendo la más realista y la que mejor sirva a la economía española.

Al parecer, el PP se inclina por hacer de Bankia el chivo expiatorio del ajuste bancario. De paso, hacen ajuste de cuentas interno. No podemos perder de vista que en el seno del PP hay intereses (financieros) diferentes. Y que esos intereses se ventilan en los cambios. Esta batalla también es una batalla en el PP.

 

 

 

 

 

 

 

En el cuarto año de la crisis algo hemos aprendido de ella: al igual que algunos virus va mutando. Hasta ayer, afrontábamos la crisis de la deuda pública. Hoy, sin que se haya resuelto la anterior, lo que aparece en primer plano es la crisis del sistema financiero, cuya expresión más aguda es la nacionalización de Bankia.

La burbuja inmobiliaria, el exceso de actividad en el sector de la construcción residencial, fue posible gracias, entre otras cosas, a un sistema financiero que canalizaba el ahorro interno y externo hacia dicho sector.

Después de una década de orgía de ladrillo, el pinchazo de la burbuja en 2008, pilló a los bancos y cajas repletos de créditos a promotores y de hipotecas. Créditos e hipotecas que cuando la economía entró en recesión (por el parón en seco de la construcción) se convirtieron en una losa cada vez más pesada. A la vez, el sistema financiero debía hacer frente a importantes pagos de sus créditos con el exterior, cuando los mercados se habían parado.

Importa destacar que esta situación afectaba por igual a bancos y cajas. Entre estas últimas, es fácil distinguir las bien gestionadas (las que participaron con moderación en la orgía del ladrillo) de las mal gestionadas. De las cajas con más peso en el sector y con peor gestión (las que asumieron riesgos muy graves) cabe destacar las dos de la Comunidad Valenciana, Bancaja y CAM. Los excesos en la construcción de segundas residencias, unido a algunas operaciones megalómanas como la famosa Terra Mítica, el no menos famoso aeropuerto de Castellón y otras iniciativas similares colocaban a Bancaja y a la CAM en una situación muy delicada.

La gestión de Cajamadrid puede inscribirse en este grupo, aunque con algunos matices favorables. La creación de Bankia se basaba en la hipótesis de que bastaba una ayuda pública de 4.500 millones en forma de préstamos para solventar de una tacada la situación de Bancaja y de Cajamadrid, bajo la batuta del nuevo gestor  de Cajamadrid, Rato.

No ha sido así. Pero si queremos señalar cómo se ha creado el problema y quiénes son los responsables, tenemos que decir que las cajas se “enladrillaron” en la época en que Cajamadrid estaba gestionada por Blesa y Bancaja por Olivas, ambos personas de total confianza del PP y aupados al cargo por Gallardón y Zaplana, primero, y mantenidos en él por Aguirre y Camps, después. Esos son quienes fabricaron los polvos que han dado lugar a estos lodos.

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Durante los años pasados Esperanza Aguirre ha repetido el mismo mensaje: Zapatero estaba asfixiando a Madrid. Tan sesudo análisis se fundaba en comparar las inversiones que el Estado preveía hacer en Madrid con las del último Presupuesto de Aznar. En 2004, el Presupuesto del Estado contenía una inversión carísima e irrepetible,  la T4, razón por la cual el último Presupuesto de Aznar era muy elevado. Terminada la T4, las inversiones en Madrid no tenían más remedio que bajar, por la misma causa por la que las inversiones en Segovia bajaron al año siguiente de haberse  terminado la línea del AVE.

La mejor forma de comparar las inversiones que  uno y otro Gobierno programaron en Madrid es ver la media de todos los presupuestos. Aznar programó para Madrid una media de 2.339 millones año. Zapatero 2.642 millones años. No parece que la lideresa tuviera ninguna razón, pese a lo cual y pese a lo fácil que resultaba verificar una mentira tan gorda, la caverna apoyó sin fisuras el disparate.

Pero no hace falta mirar el Presupuesto para concluir que lo dicho por Aguirre es mentira. Basta con tener ojos en la cara y ver la Estación de Sol, la nueva línea de Cercanías  a Barajas o la ampliación de Atocha para concluir que el PP miente.

Pues bien, el primer presupuesto de Rajoy prevé invertir en Madrid 1.266 millones en 2012. Esa cifra supone menos de  la mitad de la media de Zapatero. Así es que si Zapatero asfixiaba a Madrid ¿qué es lo que hace Rajoy?

El PP justifica esta cifra diciendo que hay recortes para todos. Claro. Pero para unos más que para otros, ya que el recorte es del 25% en toda España mientras que a Madrid aplican un recorte del 29%.

Y lo que es peor: esos 1.266 millones son para terminar cosas que estaban empezadas, cosas que empezó Zapatero, el mismo que “no invertía en Madrid”. Y no hay, prácticamente, proyectos nuevos, es decir, proyectos a iniciar en 2012.

Pero más allá estas consideraciones, importa insistir en que se hagan aquellas cosas que sean necesarias para el bienestar ciudadano y la economía de la región. Por poner tres ejemplos, hay que hacer busvao en las carreteras principales; hay que poner en marcha el Plan de Cercanías y hay que enmendar el recorte en la subvención del transporte para impedir el tarifazo.  Esas cosas son las que interesan mucho más que saber si este año se invierte en Madrid menos que en Galicia pero más que en Ceuta.  Y esas son las cosas que no están entre las inversiones programadas para Madrid.

Es posible que haya gente que  coincida con  críticas a los primeros Presupuestos de Rajoy pero se pregunten si se puede hacer otra cosa. La respuesta es que sí.

Para empezar hay que diagnosticar bien nuestros males. En España no hay solo un problema de déficit. Hay, además, un problema de recesión. La recesión, inexorablemente, tiende a empeorar el déficit. Atacar la recesión requiere de otra política en Europa. Una idea que poco a poco se abre camino. Desde España hay que exigirla.

Además, el déficit no está provocado tan solo por un incremento del gasto público, sino muy principalmente por una caída brutal de los ingresos. El PP ha estado predicando el mantra de la bajada de impuestos con lo que ha contribuido a la crisis fiscal del Estado. Una crisis que no es coyuntural, como parece creer el PP, sino estructural. No se va a solucionar con parches ni con medidas transitorias.

En el lado del gasto, la caverna mediática señala a las Comunidades Autónomas como las causantes de exceso de gasto. En esta campaña destaca Esperanza Aguirre quien ha propuesto lisa y llanamente la supresión de las Comunidades Autónomas, para ahorrar nada menos que 48.000 millones, una cifra que nada tiene que ver con la realidad, por la sencilla razón de que si un hospital, por ejemplo, pasa a estar gestionado por el Estado, no se ahorra el gasto que origina sino que cambia de lugar. ¿Ganamos algo cambiando un gasto de una administración a otra?

Las Comunidades Autónomas gestionan educación, sanidad y servicios sociales, es decir, los pilares del Estado Social. Fácil es comprobar que la campaña contra las Comunidades está encaminada a erosionar los servicios públicos fundamentales.

La derecha hace las reformas que no hacen falta y, sin embargo, no entra a las reformas que son cruciales. No hay necesidad de hacer una reforma del Estado Autonómico y, menos aún, liquidarlo. Hace falta, eso sí, un federalismo cooperativo. No hacía falta una reforma laboral que, todo el mundo reconoce, no crea empleo.

Sin embargo, no se han hecho dos reformas necesarias.La reforma fiscal que restablezca los principios de solidaridad y de suficiencia. Y que desencadene una potente batalla contra el fraude fiscal, en lugar de embarcarse en amnistías fiscales injustas y desmoralizadoras.

El origen de nuestra crisis es financiera. Y hoy es el día en que el Sistema Financiero sigue sin cumplir su papel de financiador de  la economía productiva. La inyección de liquidez del Banco Central Europeo sirve para financiar al Estado y, sobre todo, para sanear la cuenta de resultados de los Bancos que  toman prestado al 1% y lo prestan al 5%. Con garantía pública, eso sí. Pero sigue sin fluir el crédito. Este es el problema que ninguna reforma ha resuelto.

Las reformas, según Rajoy, están pensadas para “preparar la economía para cuando se produzca la recuperación”. Pero el problema es, precisamente, como estimular la recuperación.

Por ello, lo que toca hacer en el lado de los ingresos es enmendar el Presupuesto elevando la tributación de las rentas del capital hasta su equiparación con las del trabajo; incrementando la progresividad del IRPF; suprimiendo la deducción por adquisición de vivienda para las rentas altas; revisando a fondo la fronda de deducciones en el Impuesto de Sociedades; estableciendo el impuesto sobre las grandes fortunas y el impuesto sobre transacciones financieras; revocando la amnistía fiscal y aprobando una iniciativa contra el fraude; revisando la normativa de las SICAV para evitar la elusión fiscal.  Todo ello mientras se elabora una gran reforma fiscal.  Los beneficios fiscales de este año suponen 38.000 millones. El fraude supera, con mucho, esa cifra. Lo cual indica que hay un gran margen de mejora.

En el lado de los gastos hay que promover un federalismo cooperativo entre las Comunidades Autónomas y el Estado en la idea de obtener economías de escala e insistir en eliminar gastos innecesarios o meramente menos necesarios. Pero hay que blindar el gasto mínimo en los tres servicios esenciales: educación, sanidad y servicios sociales. Y hay que oponerse al recorte de inversiones vitales para el futuro como es I+D, becas y universidades. Finalmente, hay que apostar por inversiones creadoras de empleo como la rehabilitación de viviendas.

Como dice Holland, nunca hay un solo camino. Por lo que sabemos, el camino de Rajoy nos mete en el pozo de la recesión y fracasa en su propósito de calmar a los mercados. Es hora de iniciar otro camino, definiendo las reformas que necesita al país.

 

 

Rajoy se ha tomado su tiempo para elaborar sus primeros Presupuestos. Ha esperado a que pasaran las elecciones andaluzas para que los recortes no le estropearan la victoria que anunciaban las encuestas. La treta no ha valido. Y se ha perdido un trimestre.

Los Presupuestos se han diseñado con un norte: ganar la confianza de los mercados. El fracaso ha sido espectacular. No solo no ha aumentado la confianza sino que la prima de riesgo escala y la bolsa se desploma. No es que una cosa (el Presupuesto) sea causa de la otra (subida de la prima de riesgo). Pero es evidente que lo que se buscaba (ganar confianza) no se ha logrado. Leer el resto de esta entrada »

Andalucía

Todo el mundo coincide en la principal valoración de los resultados de las elecciones autonómicas de Andalucía: el PP ha fracasado en su propósito de obtener el Gobierno andaluz. Y, recíprocamente, el PSOE es quién tiene la mayor probabilidad de gobernar si consigue acordar con IU. Desde ese punto de vista, estamos ante una derrota del PP (aunque haya ganado las elecciones) y una victoria del PSOE.

En realidad es una victoria de la izquierda, fundamentada en el importante aumento de IU. Una victoria muy importante en los tiempos que corren, que deberá confirmarse consiguiendo un acuerdo entre los dos grandes partidos de la izquierda. Leer el resto de esta entrada »

Los Congresos giran cada vez más en torno a la elección del Secretario General porque eso es lo que centra el interés mediático.En el 12º Congreso, Tomás Gómez resultó elegido por un poco más del 59 %. En las primarias Tomás Gómez ganó por un 52%. En el “congresillo” por un 55 %. Ahora por cuatro puntos más.

Una vez más, la acción de la llamada oposición ha resultado en la consolidación del liderazgo de Tomás. Esta es la principal conclusión del 12º Congreso, ya que el apoyo al Secretario General sigue en aumento. Pero no se trata solo de una victoria numérica: cualquiera que haya seguido el Congreso con algún detalle habrá notado que, sobre todo, hay una victoria política. Tomás ha desarrollado un discurso claro y contundente, acogido con entusiasmo por la gran mayoría de los delegados.

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La tontería de la semana corresponde, por derecho propio, a Esperanza Aguirre. Como casi siempre. La ingeniosa lideresa afirma que lo que buscan las gentes que se movilizan es parecernos a Grecia. Es justo lo contrario: la gente que se moviliza no quiere que tengamos los recortes brutales que les han impuesto a los griegos.

No había que ser adivino para prever que la gente se iba a movilizar en cuanto el PP empezara aplicar su programa de verdad. No  el programa electoral de Rajoy que, en resumen, venía a decir: “haremos lo que hay que hacer y los haremos como Dios manda”. La sorpresa ha sido que la movilización sea tan intensa en tan poco tiempo. Lo que quiere decir que, en España, no parece que nos vayamos a resignar.

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Ayer se celebró el debate entre los dos candidatos a la Secretaría General del PSM. En síntesis el debate se puede resumir diciendo que el Secretario General expuso un programa de oposición y alternativa al PP y la candidata aspirante expuso un programa de oposición al Secretario General.

Nada nuevo porque esto es lo que venido pasando durante los últimos cuatro años: mientras una mayoría hacíamos oposición al Gobierno Aguirre, una minoría hacía oposición al Secretario General. Lo cual suministraba munición a Esperanza Aguirre y sus Consejeros.

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